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nydus/Short FictionPublic
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Table of Contents

XII

El jardín

Aunque Nycteris procuraba no estar fuera mucho tiempo seguidas y tomaba todas las precauciones, difícilmente habría evitado ser descubierta durante tanto tiempo de no ser porque los extraños ataques a los que Watho era propensa habían sido más frecuentes últimamente y al final se habían convertido en una enfermedad que la obligaba a guardar cama. Pero ya fuera por un exceso de cautela o por sospecha, Falca, al tener que pasar ahora mucho tiempo con su ama tanto de día como de noche, se le metió por fin en la cabeza cerrar con cerrojo la puerta tan a menudo como salía por su lugar habitual de salida; de modo que una noche, cuando Nycteris empujó, descubrió, para su sorpresa y consternación, que el muro la empujaba a su vez y no la dejaba pasar; y por más que buscó, no pudo descubrir en qué residía la causa del cambio. Entonces sintió por primera vez la presión de los muros de su prisión y, dándose la vuelta, medio desesperada, fue tanteando el camino hasta el cuadro donde una vez había visto desaparecer a Falca. Allí no tardó en encontrar el punto sobre el cual, al presionar, el muro cedía. La dejó pasar a una especie de sótano, donde había un destello de luz procedente de un cielo cuyo azul estaba palidecido por la luna. Desde el sótano llegó a un largo pasillo, en el que brillaba la luna, y llegó a una puerta. Se las arregló para abrirla y, para su gran alegría, se halló en el otro lugar, no en lo alto del muro, sin embargo, sino en el jardín en el que había anhelado entrar. Silenciosa como una polilla peluda, se escurrió hacia el recodo de los árboles y arbustos, acogida en sus descalzos pies por la más suave de las alfombras que, por el mero tacto, sus pies supieron que estaba viva, de lo cual provenía que fuera tan dulce y amistosa con ellos. Un viento suave

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