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IX

“¡Qué triste es estar ahora postrado en un lecho de enfermo y correr el peligro de morir! Este mundo es agradable; ¡sería sombrío que lo llamaran a uno de él y tener que ir a sabe Dios dónde!”

Y entonces mi mente hizo su primer esfuerzo serio por comprender lo que se le había inculcado acerca del cielo y del infierno; y por primera vez retrocedió, desconcertada; y al mirar por primera vez atrás, a cada lado y delante de sí, vio a su alrededor un abismo insondable: sintió el único punto donde se encontraba⁠—el presente⁠—; todo lo demás era una nube informe y una profundidad vacía; y se estremeció ante la idea de tambalearse y precipitarse en medio de aquel caos. Mientras reflexionaba sobre esta nueva idea, oí abrir la puerta principal; el señor Bates salió, y con él iba una enfermera. Después de verle montar a caballo y partir,

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