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nydus/Jane EyrePublic
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XVII

Pasó una semana y no hubo noticias del señor Rochester; diez días, y aún no aparecía. La señora Fairfax dijo que no le sorprendería que fuera directo de Leas a Londres, y de allí al continente, y no volviera a dejar caer por Thornfield en todo el año siguiente; no pocas veces se había marchado de manera igual de brusca e inesperada. Cuando oí esto, empecé a sentir un extraño escalofrío y un desfallecimiento en el corazón. Me estaba permitiendo de verdad experimentar una enfermiza sensación de descepción; pero, sobreponiéndome y recordando mis principios, ordené de inmediato a mis sentimientos guardar la compostura; y fue sorprendente cómo superé aquel tropiezo pasajero, cómo aclaré el error de suponer que los movimientos del señor Rochester eran un asunto en el que tuviera motivo alguno para interesarme de manera vital. No es que me humillara con

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