la que le anunciaba la inminente unión entre usted y el señor Rochester, el señor Mason, que se encontraba en Madeira recuperando la salud de camino a Jamaica, casualmente estaba con él. El señor Eyre le mencionó la noticia, pues sabía que mi cliente aquí presente conocía a un caballero apellidado Rochester. El señor Mason, asombrado y consternado, como se podrá imaginar, reveló el verdadero estado de las cosas. Su tío, siento decirlo, se encuentra ahora en un lecho de enfermedad del cual, dada la naturaleza de su mal —tisis— y lo avanzado de este, es improbable que vuelva a levantarse. No pudo apresurarse a venir a Inglaterra en persona para sacarla a usted de la trampa en la que había caído, pero le suplicó al señor Mason que no perdiera tiempo en tomar medidas para evitar ese falso matrimonio. Lo remitió a mí en busca de asistencia. Me di toda la prisa posible y doy gracias por no haber llegado demasiado tarde, como usted, sin duda, también lo hará. Si no tuviera la absoluta certeza de que su tío habrá fallecido antes de que usted llegue a Madeira, le aconsejaría que acompañara al señor Mason de regreso; pero, tal como están las cosas, creo que es mejor que se quede en Inglaterra hasta que tenga noticias más concretas, ya sea del señor Eyre o acerca de él. ¿Nos queda algo más que hacer aquí? —le preguntó al señor Mason.
—No, no—vámonos —fue la respuesta ansiosa; y sin esperar a despedirse del señor Rochester, salieron por la puerta del vestíbulo. El clérigo se quedó para intercambiar unas pocas frases, ya fueran de advertencia o de reproche, con su altivo feligrés; cumplido este deber, él también se marchó.
Le oí marchar mientras estaba de pie en la puerta entreabierta de mi propia habitación, a la que me había retirado. Desalojada la casa, me encerré, eché el cerrojo para que nadie pudiera interrumpirme y procedí —no a llorar, no a lamentarme, aún estaba demasiado tranquila para eso, sino— a quitarme mecánicamente el vestido de novia y a ponerme en su lugar el vestido de tela que había llevado ayer, según creía, por última vez.