Has dicho que irás conmigo a la India; recuerda que lo has dicho.
—Condicionalmente.
“Bien—bien. Al punto principal—la partida conmigo de Inglaterra, la cooperación conmigo en mis futuras labores—no te opones. Ya has puesto prácticamente la mano en el arado: eres demasiado coherente para retirarla.
No tienes más que un fin en vista—cómo realizar de la mejor manera la obra que has emprendido. Simplifica tus intereses, sentimientos, pensamientos, deseos, propósitos complicados; funde todas las consideraciones en un solo propósito: el de cumplir con eficacia—con poder—la misión de tu gran Maestro.
Para hacerlo, debes tener un coadjutor: no un hermano—ese es un vínculo laxo—sino un esposo. Yo, tampoco, quiero una hermana: una hermana me podría ser arrebatada cualquier día. Quiero una esposa: la única compañera idónea a quien pueda influenciar eficazmente en la vida, y retener absolutamente hasta la muerte”.
Me estremecí al oírle hablar: