Ahora pude concentrar mi atención en el grupo junto al fuego, y pronto deduje que el recién llegado se llamaba Mr. Mason; supe también que acababa de llegar a Inglaterra y que procedía de algún país cálido, lo cual era la razón, sin duda, de que su rostro fuera tan cetrino, de que se sentara tan cerca del hogar y de que llevara un abrigo largo dentro de casa.
Al poco rato, las palabras Jamaica, Kingston y Spanish Town indicaron que las Indias Occidentales eran su lugar de residencia; y no fue poca mi sorpresa al deducir, al poco tiempo, que allí había visto por primera vez y entablado amistad con Mr. Rochester.
Habló de la aversión de su amigo por los calores abrasadores, los huracanes y las estaciones lluviosas de aquella región. Sabía que Mr. Rochester había sido un viajero: Mrs. Fairfax lo había dicho; pero creía que el continente europeo había limitado sus deambulares; hasta entonces nunca había oído la menor alusión a visitas a costas más lejanas.
Estaba