y el progreso de Adèle, y un afecto tranquilo por su personita; del mismo modo que abrigaba hacia la señora Fairfax un agradecimiento por su amabilidad y un placer en su compañía proporcionales al afecto tranquilo que ella me tenía y a la moderación de su espíritu y de su carácter.
Cualquiera puede culparme si le apetece, cuando añado además que, de vez en cuando, cuando daba un paseo sola por los terrenos; cuando bajaba a las verjas y miraba a través de ellas por el camino; o cuando, mientras Adèle jugaba con su niñera y la señora Fairfax hacía gelatinas en la despensa, subía las tres escaleras, alzaba la trampilla del desván y, habiendo llegado al tejado, contemplaba a lo lejos campos y colinas solitarios, y una línea de horizonte difusa; que entonces ansiaba un poder de visión que pudiera sobrepasar ese límite; que pudiera alcanzar el mundo ajetreado, ciudades, regiones llenas de vida de las que había oído hablar pero que nunca había visto; que entonces deseaba más experiencia práctica de la que poseía; más intercambio con los de mi clase, más conocimiento de la variedad de caracteres de la que aquí estaba a mi alcance. Valoraba lo que había de bueno en la señora Fairfax y lo que había de bueno en Adèle; pero creía en la existencia de otras clases de bondad más vívidas, y aquello en lo que creía deseaba contemplarlo.
¿Quién me culpa? Muchos, sin duda; y se me tachará de descontenta. No pude evitarlo: la inquietud estaba en mi naturaleza; a veces me agitaba hasta el dolor. Entonces mi único consuelo era recorrer el pasillo del tercer piso, de arriba abajo, a salvo en el silencio y la soledad de aquel lugar, y permitir que los ojos de mi mente se detuvieran en cuantas visiones luminosas surgían ante ellos —y, por cierto, eran muchas y radiantes—; dejar que mi corazón se viera agitado por aquel impulso jubiloso que, al tiempo que lo hinchaba de zozobra, lo dilataba de vida; y, lo mejor de todo, abrir mi oído interior a un relato que nunca acababa —un cuento que mi imaginación creaba y narraba sin cesar—, avivado con todos los incidentes, la vida, el fuego y los sentimientos que deseaba y no tenía en mi existencia real.