habían recibido hoy, hace un año habría decidido marcharme de Gateshead a la mañana siguiente; ahora, se me reveló de golpe que ese habría sido un plan insensato. Había hecho un viaje de cien millas para ver a mi tía, y debía quedarme con ella hasta que estuviera mejor, o muerta: en cuanto al orgullo o la estupidez de sus hijas, tenía que hacerlo a un lado, hacerme independiente de ello. Así que me dirigí al ama de llaves; le pedí que me mostrara una habitación, le dije que probablemente sería huésped allí por una semana o dos, hice subir mi baúl a mi aposento y lo seguí yo misma: me encontré con Bessie en el descansillo.
—La señora está despierta —dijo—; ya le he dicho que estás aquí: ven y veamos si te reconoce.
No necesité