inventar una excusa; y la laguna se produce siempre en algún momento crítico, en el que se necesita especialmente una palabra fácil o un pretexto plausible para sacarme de un apuesto embarazoso. No me gustaba pasear a esta hora sola con el señor Rochester en el huerto umbrío; pero no pude encontrar un motivo que alegar para dejarlo. Le seguí con paso rezagado y el pensamiento afanosamente empeñado en descubrir un medio de salvación; pero él mismo se mostraba tan sereno y también tan grave, que me avergonzó sentir cualquier confusión: el mal —si mal existente o futuro lo había— parecía residir solo en mí; su mente estaba despreocupada y tranquila.
—Jane —recomenzó, al entrar en el sendero de laureles y avanzar lentamente hacia el foso y el castaño de Indias—, Thornfield es un lugar agradable en