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XXI

como debe hacerlo un ser independiente.

Toma este consejo: el primero y último que habré de ofrecerte; luego no me necesitarás a mí ni a nadie más, pase lo que pase. Descuídalo —continúa como hasta ahora, anhelando, gimoteo mediante, y holgazaneando— y sufre los resultados de tu idiotez, por malos e insuperables que sean.

Te lo digo claramente; y escucha: pues aunque no volveré a repetir lo que estoy a punto de decir, actuaré firmemente en consecuencia. Después de la muerte de mi madre, me lavo las manos contigo: desde el día en que su ataúd sea llevado a la cripta de la iglesia de Gateshead, tú y yo estaremos tan separados como si nunca nos hubiéramos conocido. No pienses que por el azar de haber nacido de los mismos padres, voy a permitir que me ates ni al más débil de tus reclamos: puedo decirte esto: si toda la raza humana, a excepción de nosotros dos, fuera barrida, y nosotros dos estuviéramos solos sobre la tierra, te dejaría en el viejo mundo y me iría al nuevo.

Cerró los labios.

“Podrías haberte ahorrado la molestia de soltar esa filípica —respondió Georgiana—; todo el mundo sabe que eres la criatura más egoísta y desalmada que existe, y yo conozco tu rencoroso odio hacia mí; ya tuve una muestra de él con la jugarreta que me jugaste respecto a lord Edwin Vere: no podías soportar que me elevasen por encima de ti, que tuviera un título, que fuera recibida en círculos donde no te atreves a mostrar la cara, y por eso hiciste de espía y delatora, y arruinaste mis perspectivas para siempre”. Georgiana sacó

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