Estoy seguro de que no podré dormir. ¿Me prometes que te quedarás despierto conmigo para hacerme compañía? Contigo podré hablar de mi amada, pues ya la has visto y la conoces”.
—Sí, señor.
“Es una mujer singular, ¿no le parece, Jane?”.
—Sí, señor.
«Una moza —una verdadera moza, Jane: grande, morena y robusta; con un cabello tal como debían de tenerlo las damas de Cartago. ¡Vaya por Dios! ¡Ahí están Dent y Lynn en las caballerizas! Entra por el arbustedo, a través de esa puertecilla».
Mientras yo tomaba un camino, él tomaba otro, y lo oí en el patio, diciendo alegremente:
—Mason os ha tomado la delantera a todos esta mañana; se ha ido antes del salir el sol: yo me levanté a las cuatro para despedirle.