CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 391 de 790
Table of Contents

XXI

Había algo ascético en su aspecto, el cual se veía acrecentado por la extrema sencillez de un vestido negro de tela de faldas rectas, un cuello de hilo almidonado, el cabello peinado hacia atrás desde las sienes y el adorno monjil de un collar de cuentas de ébano y un crucifijo. Esta, tuve la seguridad, era Eliza, aunque apenas podía hallar parecido con su antiguo yo en aquel semblante alargado y descolorido.

La otra era con la misma certeza Georgiana: pero no la Georgiana que yo recordaba⁠—la niña esbelta y feérica de once años. Esta era una doncella plena y muy rolliza, blanca como la cera, de facciones hermosas y regulares, ojos azules lánguidos y cabello rubio en bucles. El tono de su vestido era negro también; pero su hechura difería tanto de la de su hermana⁠—era mucho más suelta y favorecedora⁠—, que lucía tan elegante como el de la otra puritano.

En cada una de las hermanas había un rasgo de la madre⁠—y solo uno; la hija mayor, delgada y pálida, tenía el ojo de cuarzo ahumado de su progenitora: la menor, florida y exuberante, tenía el contorno de la mandíbula y de la barbilla⁠—tal vez un poco suavizado, pero aun así imprimiendo una dureza indescriptible a un rostro por lo demás tan voluptuoso y lozano.

Ambas damas, a medida que me acerqué, se levantaron para recibirme, y ambas se dirigieron a mí por el nombre de «señorita Eyre». El saludo de Eliza fue pronunciado con voz seca y cortante, sin una sonrisa; luego volvió a sentarse, fijó los ojos en el fuego y pareció olvidarse de mí. Georgiana añadió a su «¿cómo está?»

391