for her; and nothing annoyed her so much as the occurrence of any incident which forced her to vary
Me contó una tarde, más dispuesta a la comunicación que de costumbre, que la conducta de John y la amenaza de ruina de la familia habían sido una fuente de profunda aflicción para ella; pero que ahora, según dijo, tenía la mente tranquila y había tomado una decisión. Su propia fortuna se había ocupado de asegurarla; y cuando su madre muriera—y era del todo improbable, comentó con tranquilidad, que se recuperara o se prolongara mucho su agonía— pondría en obra un proyecto muy acariciado: buscar un retiro donde unos hábitos puntuales estuvieran a salvo de toda perturbación, y colocar barreras seguras entre ella y un mundo frívolo. Le pregunté si Georgiana la acompañaría.
“Claro que no. Georgiana y ella no tenían nada en común: nunca lo habían tenido. No cargaría con su compañía por nada del mundo. Georgiana seguiría su propio camino; y ella, Eliza, seguiría el suyo”.
Georgiana, cuando no me desahogaba su corazón, pasaba la mayor parte del tiempo tumbada en el sofá, lamentándose de lo aburrida que era la casa y deseando una y otra vez que su tía Gibson la invitara a la capital. > «Sería mucho mejor», decía, «si pudiera largarse un mes o dos, hasta que todo hubiera pasado». No pregunté a qué se refería con eso de que «todo hubiera pasado», pero supongo que aludía al inminente fallecimiento de su madre y al lúgubre epílogo de los ritos fúnebres. Eliza solía prestarle tanta atención a la indolencia y las quejas de su hermana como si ante ella no