“Mi querido amo —contesté—, soy Jane Eyre: lo he encontrado; he vuelto con usted”.
“¿De verdad? ¿En carne y hueso? ¿Mi Jane vivita y coleando?”
“Usted me toca, señor—me sujeta, y bien firmemente: no estoy fría como un cadáver, ni vacía como el aire, ¿verdad?”
¡Mi adorada viva! Ciertamente estas son sus extremidades y estos sus rasgos; pero no puedo ser tan dichoso, después de toda mi miseria. Es un sueño; sueños como los que he tenido por la noche cuando la he estrechado una vez más contra mi corazón, como lo hago ahora; y la he besado, así—y he sentido que me amaba, y he confiado en que no me abandonaría.
“Lo cual nunca haré, señor, a partir de hoy”.
“¿Nunca