ocho años debe de haber cambiado mucho. Le aseguré entonces con delicadeza que yo era la persona que ella suponía y deseaba que fuera; y viendo que me había comprendido y que tenía los sentidos completamente en orden, le expliqué cómo Bessie había enviado a su marido a buscarme a Thornfield.
“Estoy muy enferma, lo sé —dijo al poco rato—.
Intenté moverme hace unos minutos y veo que no puedo mover ni un miembro. Es mejor que desahogue mi conciencia antes de morir: lo que en la salud apenas nos importa, nos agobia en una hora como la presente. ¿Está la enfermera aquí? ¿O no hay nadie en la habitación más que tú?”
Le aseguré que estábamos solos.
“Bueno, dos veces te he hecho un daño del que ahora me arrepiento. Uno fue al romper la promesa