tragara. Parece como si estuviera pensando en algo más allá de su castigo, más allá de su situación: en algo que no está a su alrededor ni ante ella. He oído hablar de ensoñaciones, ¿estará en una ensoñación ahora? Sus ojos están fijos en el suelo, pero estoy segura de que no lo ven; su mirada parece volverse hacia adentro, haber descendido a su corazón: creo que está mirando lo que puede recordar, no lo que está realmente presente. Me pregunto qué clase de muchacha es, si buena o traviesa».
Poco después de las cinco tuvimos otra comida, que consistía en una tacita de café y media rebanada de pan negro. Devoré mi pan y me bebí el café con gusto; pero me habría alegrado de tener otro tanto: aún tenía hambre.
Media hora de recreo sucedió a esto, luego estudio; después el vaso de agua y el trozo de pan de avena, oraciones y la cama. Tal fue mi primer día en Lowood.