Posdata
En aras de la dignidad de la caza de ballenas, quisiera aducir únicamente hechos contrastados. Mas, tras batallar con sus datos, un defensor que silenciara por completo una conjetura no del todo irrazonable, que pudiera resultar sumamente elocuente para su causa; un defensor así, ¿no sería digno de reproche?
Es bien sabido que en la coronación de reyes y reinas, incluso los modernos, se lleva a cabo cierto curioso proceso para aderezarlos de cara a sus funciones. Hay un salero de Estado, como se le llama, y puede que un vinagrero de Estado. ¿Cómo usan la sal, exactamente?, ¿quién sabe? Cierto es, sin embargo, que la cabeza de un rey es ungida solemnemente con aceite en su coronación, tal como la cabeza de una ensalada. ¿Será posible, no obstante, que la unjan con el propósito de hacer que su interior funcione bien, tal como se unge la maquinaria? Mucho se podría meditar aquí acerca de la dignidad esencial de este proceso regio, porque en la vida corriente estimamos de manera muy mezquina y despreciable a un tipo que se unge el pelo y huele palpablemente a dicha unción. A decir verdad, un hombre maduro que usa aceite para el cabello, a no ser que sea por prescripción médica, ese hombre probablemente tiene una mancha pantanosa en alguna parte. Por regla general, no puede valer gran cosa en su totalidad.
Pero lo único que hay que considerar aquí es esto: ¿qué clase de aceite se usa en las coronaciones? Ciertamente no puede ser aceite de oliva, ni aceite Macassar, ni aceite de ricino, ni grasa de oso, ni aceite de ballena, ni aceite de hígado de bacalao. ¿Qué diablos puede ser entonces, sino aceite de esperma en su estado sin manufacturar, sin contaminar, el más dulce de todos los aceites?