Ahab and the Carpenter
La cubierta—Primer turno de guardia.
Carpintero de pie ante su banco de tornillo, y a la luz de dos linternas limando afanosamente la viga de marfil para la pierna, viga que está firmemente fija en el tornillo.
Losetas de marfil, correas de cuero, almohadillas, tornillos y varias herramientas de toda clase esparcidas por el banco.
Al frente, se ve la roja llama de la fragua, donde el herrero está trabajando.
¡Maldita lima y maldito hueso! Lo que debe ser blando es duro, y lo que debe ser duro es blando. Así andamos los que limamos viejas mandíbulas y tibias. Probemos con otro. Vaya, ahora sí funciona mejor ¡achís! Hola, este polvo de hueso es ¡achís! —vaya, es ¡achís!— sí, es ¡achís!— ¡bendita sea mi alma, no me deja hablar! Esto es lo que saca un viejo por trabajar con madera muerta. Asierra un árbol vivo y no te tragas este polvo; amputa un hueso vivo y tampoco te pasa ¡achís! Vamos, vamos, viejo tizón, arrímate una mano y tráeme esa virola y el tornillo de hebilla; dentro de nada estaré listo para ellos. Menos mal que ¡achís! no hay que hacer ninguna articulación de rodilla; eso podría desconcertar un poco; pero una simple tibia —¡bah!, es tan fácil como hacer tutores para lúpulo—; solo que me gustaría darle un buen acabado. Tiempo, al tiempo; si