bien, los Cinque Ports están parcial o de algún modo bajo la jurisdicción de una especie de policía o bedel, llamado Lord Warden. Como ejerce el cargo directamente por mandato de la Corona, según creo, todos los emolumentos reales inherentes a los territorios de los Cinque Ports pasan a ser suyos por asignación. Para algunos escritores este cargo es considerado una sinecura. Pero no es así. Pues el Lord Warden se emplea a fondo a veces en sisar sus prebendas; las cuales son suyas principalmente en virtud de ese mismo sisarlas.
Ahora bien, cuando estos pobres marineros tostados por el sol, descalzos y con los pantalones arremangados bien arriba sobre sus piernas angulosas, habían sacado con fatiga su gordo pez fuera del alcance de la marea, prometiéndose unas buenas 150 libras por el precioso aceite y las barbas; y saboreando en su imaginación un té selecto con sus mujeres, y buena cerveza con sus amigotes, a cuenta de sus respectivas partes; se presenta un caballero muy erudito, de lo más cristiano y caritativo, con un ejemplar de Blackstone bajo el brazo; y apoyándolo sobre la cabeza de la ballena, dice: «¡Manos fuera! Este pez, señores míos, es un Fast-Fish. Lo confisco en nombre del Lord Warden». Ante esto, los pobres marineros en su respetuosa consternación —tan típicamente inglesa—, sin saber qué decir, se ponen a rascarse enérgicamente las cabezas todos a una; mientras miran con tristeza de la ballena al extranjero. Pero eso de ningún modo arregló el asunto, ni ablandó en absoluto el duro corazón del caballero erudito con el ejemplar de Blackstone. Al fin uno de ellos, tras buscar largo rato en su cabeza para ordenar sus ideas, se atrevió a hablar,
«Por favor, señor, ¿quién es el Lord Warden?»
“El Duque.”
“¿Pero el duque no tuvo nada que ver con la pesca de este pez?”