por ese tejer queda sordo, de modo que no oye ninguna voz mortal; y por ese zumbido, nosotros también, los que contemplamos el telar, quedamos sordos; y solo cuando escapemos de él oiremos las mil voces que se expresan a través de él. Pues así mismo ocurre en todas las fábricas materiales. Las palabras habladas que son inaudibles entre los husos voladores; esas mismas palabras se oyen claramente fuera de los muros, estallando desde los ventanales abiertos. Por ese medio se han descubierto villanías. ¡Ah, mortal! sé entonces cauto; pues así, en todo este estrépito del telar del gran mundo, tus pensamientos más sutiles pueden ser escuchados desde lejos.
Ahora, en medio del verde y bullicioso telar de aquel bosque arsácida, el gran esqueleto blanco y venerado yacía holgazaneando: ¡un holgazán gigantesco! Sin embargo, mientras la urdimbre y la trama vegetales, tejidas sin cesar, se mezclaban yzumbraban a su alrededor, el poderoso holgazán parecía el hábil tejedor; él mismo cubierto de vides por todas partes; asumiendo cada mes un verdor más lozano y fresco; pero siendo él mismo un esqueleto. La Vida envolvía a la Muerte; la Muerte enrejaba a la Vida; el dios sombrío se casaba con la Vida juvenil y engendraba en ella glorias de rizos ensortijados.
Ahora, cuando con el real Tranquo visité a esta milagrosa ballena, y vi el cráneo convertido en altar, y el humo artificial ascendiendo desde donde había brotado el surtidor verdadero, me maravillé de que el rey considerara una capilla como un objeto de arte. Él se rio. Pero más me maravillé de que los sacerdotes juraran que aquel surtidor humeante suyo era genuino. De un lado a otro paseé ante este esqueleto —hice a un lado las enredaderas— rompí a través de las costillas— y con un ovillo de cordel de Arsácida, deambulé, di muchas vueltas largo tiempo en medio de sus múltiples y umbrías columnadas y cenadores serpenteantes. Pero