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LXXXV

superficie; y lo que es más aún, su tráquea no tiene conexión alguna con su boca. No, respira únicamente a través de su esiráculo; y este se encuentra en la parte superior

Si digo que en cualquier criatura la respiración es solo una función indispensable para la vitalidad, en la medida en que extrae del aire cierto elemento que, al ponerse luego en contacto con la sangre, le confiere a esta su principio vivificante, no creo equivocarme, aunque tal vez emplee algunas palabras científicas superfluas. Supóngase esto, y de ello se sigue que si toda la sangre de un hombre pudiera oxigenarse con una sola inspiración, este podría entonces sellar sus fosas nasales y no tomar otra durante un tiempo considerable. Es decir, viviría entonces sin respirar. Por anómalo que parezca, este es precisamente el caso de la ballena, que sistemáticamente vive, por intervalos, su hora entera y más (cuando está en el fondo) sin tomar una sola inspiración, ni mucho menos inhalar de ningún modo una partícula de aire; pues, recuérdese, no tiene branquias. ¿Cómo se explica esto? Entre sus costillas y a cada lado de su espina dorsal está provista de un notable y enredado laberinto cretense de vasos semejantes a fideos, los cuales vasos, cuando abandona la superficie, están completamente distendidos con sangre oxigenada. De modo que durante una hora o más, a mil brazas en el mar, lleva en su interior una reserva suplementaria de vitalidad, tal como el camello que cruza el desierto sin agua lleva una provisión excedente de bebida para uso futuro en sus cuatro estómagos suplementarios. El hecho anatómico de este laberinto es indiscutible; y que la suposición basada en él sea razonable y verdadera me parece tanto más convincente cuando considero la por lo demás inexplicable obstinadez de ese leviatán

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