Es principalmente con su nombre con el que ahora tengo que habérmelas. Filológicamente considerado, es absurdo.
Hace algunos siglos, cuando el cachalote era casi totalmente desconocido en su propia individualidad, y cuando su aceite se obtenía sólo por casualidad del pez varado; en aquellos días, al parecer, se suponía popularmente que el espermaceti derivaba de una criatura idéntica a la que entonces se conocía en Inglaterra como la ballena de Groenlandia o ballena franca.
También se creía que este mismo espermaceti era aquel humor vivificante de la ballena de Groenlandia que la primera sílaba de la palabra expresa literalmente.
Por entonces, además, el esperma de ballena era sumamente escaso, ya que no se usaba para alumbrar, sino únicamente como ungüento y medicamento. Solo se podía conseguir en las boticas, como hoy en día se compra una onza de ruibarbo.
Cuando, según creo, con el transcurso del tiempo se conoció la verdadera naturaleza del esperma de ballena, los comerciantes conservaron su nombre original, sin duda para aumentar su valor mediante una denominación tan extrañamente significativa de su escasez. Y así debió de terminar por otorgarse el apelativo a la ballena de la que este esperma se obtenía en realidad.
Libro I (“Folio”), capítulo II (“Ballena Franca”).—En cierto sentido este es el más venerable de los leviatanes, por ser el primero en ser cazado regularmente por el hombre. Produce el artículo conocido comúnmente como ballena o barba de ballena; y el aceite conocido específicamente como «aceite de ballena», un artículo de calidad inferior en el comercio.