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LIII. El *Gam*

Y a menudo notaréis que, consciente de que los ojos del mundo visible entero reposan sobre él desde los costados de los dos botes, este capitán de pie vive muy alerta a la importancia de sostener su dignidad manteniendo las piernas firmes.

Y esto no es tarea fácil; pues a su espalda lleva el inmenso remo de gobierno saliente que le golpea de vez en cuando en los riñones, mientras que el remo de popa le corresponde golpeándole las rodillas por delante.

Se encuentra así totalmente encajado por delante y por detrás, y solo puede ensancharse hacia los lados asentándose sobre sus piernas estiradas; pero un bandazo repentino y violento del bote estará a punto de derribarlo a menudo, porque la longitud de la base no es nada sin la anchura correspondiente.

Limitáos a formar un ángulo abierto con dos polos, y no podréis mantenerlos en pie.

Luego, tampoco convendría a plena vista de los ojos fijos del mundo, no convendría, digo, que a este capitán despatarrado se le viera mantenerse firme ni un ápice agarrándose de algo con las manos; en verdad, como muestra de su total y boyante dominio de sí mismo, por lo general lleva las manos en los bolsillos del pantalón; pero tal vez, por ser por lo general manos muy grandes y pesadas, las lleva allí como lastre. No obstante, se han dado casos, además bien documentados, en los que se ha sabido que el capitán, durante un momento o dos extraordinariamente críticos —en una súbita ráfaga de viento, digamos—, se agarra del cabello del remero más cercano y se aferra allí con uña y dientes.

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