—Ha muerto, señor Stubb —dijo Daggoo.
—Sí; ¡ambas pipas consumidas! —y retirando la suya de la boca, Stubb esparció las cenizas muertas sobre el agua; y, por un momento, se quedó mirando pensativo el vasto cadáver que había creado.
—Ha muerto, señor Stubb —dijo Daggoo.
—Sí; ¡ambas pipas consumidas! —y retirando la suya de la boca, Stubb esparció las cenizas muertas sobre el agua; y, por un momento, se quedó mirando pensativo el vasto cadáver que había creado.