piloto.”
“Y cuando te hayas adelantado así —si es que eso llega a suceder—, entonces, antes de que pueda seguirte, ¿aún habrás de aparecerme para seguir guiándome? ¿No fue así? Pues bien, si creyera todo lo que decís, ¡oh, mi piloto!, tengo aquí dos prendas de que habré de matar todavía a Moby Dick y sobrevivir a ello”.
—Haz otro juramento, viejo —dijo el parsi, mientras sus ojos se iluminaban como luciérnagas en la penumbra—; solo el cáñamo puede matarte.
—La horca, queréis decir.—¡Inmortal soy entonces, por tierra y por mar! —exclamó Ahab, con una risa de burla—; ¡inmortal por tierra y por mar!
Ambos volvieron a guardar silencio, como un solo hombre. Llegó el alba gris, y la tripulación adormecida se levantó del fondo del bote, y antes del mediodía la ballena muerta fue llevada al buque.