2.° marinero de Nantucket .
¡A callarse el coro! ¡Sonad las ocho campana allí! ¿Oyes, pinche? ¡Toca la campana ocho veces, tú, Pip! ¡Negrito! Y dejadme llamar a la guardia. Tengo la boca propicia para eso: la boca de barrica. Así, así, mete la cabeza por la escotilla: ¡Staaar-bo-o-ole-e-nes, ah-o-o-y! ¡Las ocho campana ahí abajo! ¡A levantarse!
Marinero holandés.
Gran roncedera esta noche, camarada; noche gorda para eso. Noto esto en el vino de nuestro viejo Mogol; es tan embotador para unos como estimulante para otros. Nosotros cantamos; ellos duermen —sí, acostaos ahí, como barriletes de laudiere.
¡Otra vez a por ellos! Toma, toma esta bomba de cobre y grítales a través de ella. Diles que dejen de soñar con sus mozas. Diles que es la resurrección; tienen que dar su último beso y venir al juicio. Así se hace— eso es; tu garganta no se ha estropeado por comer mantequilla de Ámsterdam.
Marinero francés.
¡Chist, muchachos! ¡Bailemos un par de piezas antes de echar el ancla en la Bahía de las Cobijas! ¿Qué decís? Ahí viene el otro turno. ¡Firmes todos sobre las piernas! ¡Pip! ¡Pequeño Pip! ¡A tocar la pandereta, hurra!
Pip.
Malhumorado y somnoliento. No sabe dónde está.
Marinero francés.
¡Golpeaos el vientre, pues, y moved las orejas! ¡Bailaos esa jota, muchachos, os digo; la consigna es alegría; hurray! ¡Maldita sea, no vais a