Por lo general, los copropietarios del Pequod debieron de pensar claramente que no.
Ahab bien sabía que, aunque sus amigos en casa no le darían gran importancia a que se subiera a un bote en ciertas vicisitudes comparativamente inofensivas de la persecución, con el fin de estar cerca del escenario de la acción y dar sus órdenes en persona, para el capitán Ahab el que se le asignara un bote de verdad como un arponero jefe regular en la caza—sobre todo para el capitán Ahab el contar con cinco hombres adicionales como la tripulación de ese mismo bote—, bien sabía que semejantes ocurrencias generosas jamás habían cruzado por las mentes de los armadores del Pequod. Por consiguiente, no les había solicitado una tripulación para el bote, ni había insinuado de ningún modo sus deseos a ese respecto. Sin embargo, había tomado medidas privadas por cuenta propia en relación con todo ese asunto.
Hasta el descubrimiento publicado de Cabaco, los marineros lo habían previsto muy poco, aunque a decir verdad, cuando, tras estar poco tiempo fuera de puerto, toda la tripulación hubo concluido la tarea habitual de preparar las balleneras para el servicio; cuando algún tiempo después de esto se descubrió a Ahab de vez en cuando atareado en fabricar con sus propias manos toletes para la que se creía una de las barcas de reserva, y cortando incluso con solicitud las pequeñas clavijas de madera que, cuando corre la línea, se fijan sobre la ranura de la proa; cuando todo esto se observó en él, y en particular su esmero en colocar una capa adicional de entablado en el fondo de la barca, como para hacerla resistir mejor la presión puntiaguda de su miembro de marfil; y también la ansiedad que demostró al moldear exactamente la tabla del muslo, o tartera, como a veces se la llama, la pieza horizontal en la proa de la barca para apoyar la rodilla contra ella al lanzar o arponear a la ballena; cuando se observó cuán a menudo se ponía de pie en esa barca con su única rodilla fija en la depresión semicircular de la tartera, y con el cincel del carpintero vaciaba un poco por aquí y enderezaba un poco por allá;