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LVIII

y por mucho que, en un futuro halagüeño, esa ciencia y habilidad puedan aumentar; sin embargo, por los siglos de los siglos, hasta el juicio final, el mar lo insultará y asesinará, y pulverizará la fragata más majestuosa y rígida que pueda construir; no obstante, por la continua repetición de estas mismas impresiones, el hombre ha perdido ese sentido de la plena inmensidad terrible del mar que

El primer barco de que tenemos noticia flotaba sobre un océano que, con venganza portuguesa, había anegado un mundo entero sin dejar ni una sola viuda.

Ese mismo océano ruge ahora; ese mismo océano destruyó los barcos náufragos del año pasado.

Sí, insensatos mortales, el diluvio de Noé aún no ha remitido; dos terceras partes del hermoso mundo todavía las cubre.

¿En qué se diferencian el mar y la tierra, para que un milagro en la una no sea un milagro en el otro?

Terrores sobrenaturales se abatieron sobre los hebreos cuando, bajo los pies de Coré y su séquito, la tierra viva se abrió y los tragó para siempre; sin embargo, no hay sol moderno que se ponga sin que, de manera exactamente idéntica, el mar vivo devore barcos y tripulaciones.

Pero no sólo es el mar un enemigo tan terrible para el hombre, que le es ajeno, sino que es además un demonio para sus propios hijos; peor que el rey persa que asesinó a sus propios huéspedes; sin perdonar a las criaturas que él mismo ha engendrado. Como una tigresa salvaje que, revolcándose en la selva, aplasta a sus propios cachorros, así el mar estrella contra las rocas incluso a las ballenas

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