lección para todos nosotros, porque es una historia del pecado, la dureza de corazón, los temores despertados de repente, el castigo rápido, el arrepentimiento, las oraciones y, finalmente, la liberación y el gozo de Jonás. Como con todos los pecadores entre los hombres, el pecado de este hijo de Amitai estuvo en su desobediencia deliberada al mandato de Dios —no importa ahora cuál fuera ese mandato, o cómo fue transmitido—, el cual le pareció un mandato difícil. Pero todas las cosas que Dios querría que hiciéramos son difíciles de hacer para nosotros —recordad eso— y, por lo tanto, nos manda más menudo de lo que se esfuerza en persuadir. Y si obedecemos a Dios, debemos desobedecer al yo; y es en esta desobediencia al yo donde consiste la dificultad de obedecer a Dios.
“Con este pecado de desobediencia en su interior, Jonás se mofa todavía más de Dios al intentar huir de Él. Cree que un barco hecho por hombres lo llevará a países donde Dios no reina, sino únicamente los capitanes de esta tierra. Se esconde por los muelles de Jope y busca un barco que zarpe rumbo a Tarsis. Quizás se oculte aquí un significado hasta ahora inadvertido. Según todos los indicios, Tarsis no podría ser otra ciudad que la moderna Cádiz. Esa es la opinión de los hombres sabios. ¿Y dónde queda Cádiz, compañeros? Cádiz está en España; tan lejos por agua desde Jope como Jonás pudo haber navegado en aquellos tiempos antiguos, cuando el Atlántico era un mar casi desconocido. Porque Jope, la moderna Jaffa, compañeros, se encuentra en la costa más oriental del Mediterráneo, la siria; y Tarsis o Cádiz están a más de dos mil millas hacia el oeste de allí, justo a la salida del estrecho de Gibraltar. ¿No veis entonces, compañeros, que Jonás buscó huir de Dios a escala mundial? ¡Hombre miserable! ¡Oh, el más despreciable y digno de toda burla!; con el sombrero gacho y la mirada culpable, escabulléndose de su Dios; merodeando entre los barcos como un vil ladrón que se apresura a