sea esa interdependencia mortal que no quiere prescindir de los libros de contabilidad. Quisiera ser libre como el aire; y estoy apuntado en los libros de todo el mundo. Soy tan rico, que podría haber pujado de igual a igual con los más ricos pretorianos en la subasta del imperio romano (que era el del mundo); y, sin embargo, debo lo correspondiente a la carne de la lengua con que me jacto. ¡Por los cielos! Buscaré un crisol, me meteré dentro y me fundiré hasta reducirme a una sola y pequeña vértebra resumida. Así.
Carpintero reanudando su trabajo .
¡Vaya, vaya, vaya! Stubb es quien mejor lo conoce, y Stubb siempre dice que está raro; no dice más que esa única y suficiente palabrita: raro; está raro, dice Stubb; está raro —raro, raro—; y se lo pasa metiendo en la cabeza al señor Starbuck a todas horas: raro —señor— raro, raro, muy raro. ¡Y aquí está su pierna! Sí, ahora que lo pienso, ¡aquí está su compañera de lecho! ¡Tiene por esposa un trozo de mandíbula de ballena! Y esta es su pierna; sobre ella se parará. ¿Cómo era aquello de una pierna parada en tres sitios, y los tres sitios parados en un solo infierno —cómo era?—. ¡Ah! ¡No me extraña que me mirara con tanto desprecio! Dicen que a veces tengo pensamientos un tanto extraños, pero eso es solo por casualidad. Luego, un cuerpo bajito y viejo como yo jamás debería aventurarse a vadear aguas profundas con capitanes altos y zancudos como garzas; el agua te toma de la barbilla en un abrir y cerrar de ojos, y enseguida se arman grandes gritos pidiendo botes salvavidas. ¡Y aquí está la pierna de la garza! ¡Larga y delgada, sin duda! Ahora bien, a la mayoría de la gente un par de piernas le dura toda la vida, y eso debe ser porque las usan con clemencia, como una anciana bondadosa usa a sus gorditos y viejos caballos de coche. Pero Ahab; oh, él es un mayoral implacable. Miren, ha reventado una pierna hasta matarla y ha dejado coja a la otra para siempre, y ahora gasta piernas de hueso por arrobas. ¡Eh, tú, tizón!, échame una mano con esos tornillos y acabemos antes de que