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casilleros más recónditos y secretos del mundo; y a los miles de arpones y lanzas arrojados a lo largo de todas las costas continentales; el punto debatible es si el Leviatán podrá soportar por mucho tiempo una persecución tan amplia y una matanza tan implacable; si no habrá de ser al fin exterminado de las aguas, y la última ballena, como el último hombre, fumarse su última pipa, y luego evaporarse ella misma en la última

Al comparar las manadas jorobadas de ballenas con las manadas jorobadas de búfalos, los cuales, hace apenas cuarenta años, cubrían por decenas de miles las praderas de Illinois y Misuri, y sacudían sus crines de hierro y fruncían el ceño cargado de truenos sobre los emplazamientos de populosas capitales fluviales, donde ahora el educado corredor de fincas te vende tierra a dólar la pulgada; en semejante comparación parecería proporcionarse un argumento irresistible para demostrar que la ballena cazada no puede escapar ya a una rápida extinción.

Pero debéis considerar este asunto bajo todos sus aspectos. Aunque hace tan poco tiempo —ni una buena vida humana— el censo de búfalos en Illinois superaba al censo de los hombres que hoy viven en Londres, y aunque en la actualidad no queda ni un cuerno ni una pezuña de ellos en toda esa región; y aunque la causa de esta prodigiosa exterminación fue la lanza del hombre; sin embargo, la naturaleza tan diferente de la caza de ballenas prohíbe terminantemente un fin tan poco glorioso para el Leviatán. Cuarenta hombres en un solo barco cazando cachalotes durante cuarenta y ocho meses consideran que lo han hecho extremadamente bien, y dan gracias a Dios si al fin llevan a casa el aceite de cuarenta animales. Mientras que, en los días de los antiguos cazadores y tramperos canadienses e indios del Oeste, cuando el lejano oeste (en cuyo poniente aún se alza el sol) era un desierto virgen, ese mismo número de hombres calzados con mocasines, durante el mismo número de meses, montados a caballo en vez de navegar en barcos, habría matado no a cuarenta, sino a cuarenta mil y más búfalos; un hecho que, de ser necesario, podría demostrarse estadísticamente.

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