CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 634 de 874
Table of Contents

XCII

Sin embargo, así es. Algunos suponen que el ámbar gris es la causa, y otros que el efecto, de la indigestión en la ballena. Cómo curar semejante indigestión sería difícil de decir, a menos que sea administrando tres o cuatro botes cargados de píldoras de Brandreth, y luego poniéndose a buen recaudo, como hacen los obreros al volar rocas.

He olvidado decir que en este ámbar gris se encontraron ciertas placas óseas, duras y redondas, que al principio Stubb creyó que podían ser botones de los pantalones de los marineros; pero resultó después que no eran otra cosa que pedazos de huesos de calamar pequeño embalsamados de ese modo.

Ahora que la incorrupción de este ambrágis tan fragante se halla en el corazón de semejante podredumbre; ¿acaso esto no es nada?

Reflexiona sobre aquellas palabras de San Pablo en los Corintios acerca de la corrupción y la incorrupción; cómo somos sembrados en deshonra, pero resucitados en gloria.

Y asimismo trae a la memoria aquel dicho de Paracelso sobre qué es lo que hace al mejor almizcle.

Tampoco olvides el extraño hecho de que, de todas las cosas de mal olor, el agua de colonia, en sus etapas de fabricación rudimentaria, es la peor.

Me gustaría concluir el capítulo con el llamamiento anterior, pero no puedo, debido a mi anhelo de rebatir un cargo que a menudo se hace contra los balleneros y que, a juicio de algunas mentes ya predispuestas, podría considerarse indirectamente fundamentado por lo que se ha dicho de las dos ballenas del francés. En otra parte de este volumen se ha refutado la calumniosa difamación de que el oficio de la pesca de la ballena es en todo un negocio descuidado y desaseado.

634