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Caballeros y escuderos

además, como por lo general existe entre ambos una estrecha intimidad y amistad; es por tanto muy justo que en este lugar consignemos quiénes eran los arponeros del Pequod, y a qué oficial pertenecía cada uno de ellos.

Primero que todo estaba Queequeg, a quien Starbuck, el primer oficial, había elegido por escudero. Pero Queequeg ya es conocido.

Siguió Tashtego, un indio puro de Gay Head, el promontorio más occidental de Martha’s Vineyard, donde aún subsiste el último vestigio de una aldea de hombres rojos, que durante mucho tiempo ha provisto a la vecina isla de Nantucket de muchos de sus más osados arponeros. En la pesca, se les suele designar con el nombre genérico de gay-headers. El cabello largo, magro y negro de Tashtego, sus pómulos salientes y sus ojos negros y redondos —para ser un indio, orientales por su gran tamaño, pero antárticos por su expresión fulgurante—, todo ello lo proclamaba sobradamente heredero de la sangre no contaminada de aquellos orgullosos guerreros cazadores que, tras la pista del gran alce de Nueva Inglaterra, habían recorrido, arco en mano, los bosques aborígenes del continente. Pero Tashtego, que ya no olfateaba el rastro de las bestias salvajes del bosque, cazaba ahora en la estela de las grandes ballenas del mar; el infalible arpón del hijo reemplazaba adecuadamente la certera flecha de los padres. Al contemplar la musculatura leonada de sus miembros ágiles y serpentinos, uno casi habría dado crédito a las supersticiones de algunos de los primeros puritanos, y medio creído que este salvaje indio era un hijo del Príncipe de las Potestades del Aire. Tashtego era el escudero de Stubb, el segundo oficial.

Tercero entre los arponeros era Daggoo, un negro salvaje de piel color carbón y tamaño gigantesco, con un andar semejante al de un león; todo un Asuero a la vista. De sus orejas pendían dos aros de oro tan grandes que los marineros los llamaban cáncamos y hablaban de amarrar a ellos las drizas de las gavias.

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