Pero aunque los verdes acantilados cubiertos de palmeras de la tierra no tardaron en distinguirse por la amura de estribor, y con fosas nasales deleitadas se respiró en el aire la fresca canela, no se divisó ni un solo soplo. Casi renunciando a toda esperanza de tropezar con alguna pieza por estos parajes, el buque estaba a punto de entrar en el estrecho, cuando se oyó desde lo alto el acostumbrado grito de júbilo y, al poco tiempo, un espectáculo de singular magnificencia nos saludó.
Pero aquí debe advertirse que, debido a la infatigable actividad con que últimamente se los ha perseguido por los cuatro océanos, los cachalotes, en vez de navegar casi invariablemente en pequeños grupos aislados como en tiempos pasados, se encuentran ahora con frecuencia en extensas manadas, que a veces abarcan una multitud tan grande que casi parecería como si numerosas naciones de ellos hubieran jurado solemne liga y pacto para su mutua ayuda y protección. A esta agregación del cachalote en caravanas tan inmensas puede