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LXXV

horquilla. Sea como fuere, cuando observas esos cangrejos vivos que se anidan aquí en este bonete, tal idea casi con seguridad se te ocurrirá; a menos que, en verdad, tu fantasía se haya visto atrapada por el término técnico «corona» que también se le confiere; en cuyo caso te interesará mucho pensar en cómo este poderoso monstruo es en realidad un rey coronado del mar, cuya verde corona le ha sido armada de este modo tan maravilloso. Pero si esta ballena es un rey, resulta ser un tipo de aspecto muy hosco para adornar una diadema. ¡Mira ese labio inferior colgante! ¡Qué enorme hosquedad y puchero hay ahí! Una hosquedad y un puchero que, medidos por el carpintero, tienen unos veinte pies de largo y cinco de profundidad; una hosquedad y un puchero que te rendirán unos 500 galones de aceite o

Gran lástima resulta ahora que esta desafortunada ballena tenga labio leporino. La fisura mide más o menos un pie de ancho. Probablemente la madre, durante un periodo crucial, navegaba por la costa peruana cuando unos terremotos hicieron que la playa se abriera. Sobre este labio, como sobre un umbral resbaladizo, nos deslizamos ahora hacia el interior de la boca. ¡Válgame Dios!, si estuviera en Mackinaw, tomaría esto por el interior de un wigwam indio. ¡Santo Dios! ¿Es este el camino que tomó Jonás? El techo tiene unos doce pies de altura y forma un ángulo bastante agudo, como si hubiera allí una cumbrera regular; mientras que estos costados nervados, arqueados y peludos nos presentan esas maravillosas ballenas, medio verticales y en forma de cimitarra —digamos que tres que cientas a cada lado— que, colgando de la parte superior de la cabeza o hueso frontal, forman esas persianas venecianas que ya se han mencionado de pasada en otra parte. Los bordes de estos huesos están desflecos de fibras pilosas, a través de las cuales la ballena franca filtra el agua y en cuyas intrincadas redes retiene a

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