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CVII

Así, este carpintero estaba preparado para todo, y por igual indiferente y desprovisto de respeto en todo. Los dientes los consideraba pedazos de marfil; las cabezas no las juzgaba sino poleas de gata; a los hombres mismos los tenía en poco como a cabrestantes. Pero si bien ahora, en un campo tan amplio, de maneras tan diversas consumado y con semejante vivacidad de destreza en él también; todo esto parecería indicar una inusual vivacidad de inteligencia. Mas no exactamente así. Pues por nada era este hombre más notable que por una cierta estolidez impersonal, por decirlo así; impersonal, digo; pues se difuminaba de tal modo en el infinito circundante de las cosas, que parecía una con la estolidez general discernible en todo el mundo visible; el cual, aunque incesantemente activo de incontables modos, aún guarda silencio eternamente, y te ignora, aunque caves cimientos para catedrales. Y sin embargo, esta estolidez semiterrible que había en él, implicando también, según parecía, una desalmada crueldad ramificada por todas partes; —sin embargo, era salpicada extrañamente a veces con un humorismo viejo, achacoso, antediluvianamente sibilante, no desprovisto de vez en cuando de cierta agudeza entrecana; tal como podría haber servido para pasar el tiempo durante la guardia de medianoche en el barbado foque de la arca de Noé. ¿Sería que este viejo carpintero había sido un errante de toda la vida, cuyo mucho rodar, de acá para allá, no solo no había acumulado musgo; sino que, lo que es más, había borrado cualquier pequeña adherencia exterior que originalmente le hubiera pertenecido? Era un abstracto despojado; un entero sin fraccionar; incorrupto como un recién nacido; viviendo sin referencia premeditada a este mundo ni al otro. Casi se podría decir que esta extraña incorrupción en él implicaba una especie de falta de inteligencia; pues en sus numerosos oficios no parecía trabajar tanto por la razón o por el instinto, o simplemente porque se le hubiera enseñado, o por alguna mezcla de todo esto, pareja o dispareja; sino meramente por una especie de proceso literal, espontáneo, sordo y mudo. Era un manipulador puro; su cerebro, si alguna vez lo había tenido, debió de haberse filtrado tempranamente hacia los músculos de sus dedos. Era

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