aquel famoso lexicógrafo lo hacía más apto para compilar un lexicón destinado a ser usado por un autor de ballenas como yo.
A menudo se oye hablar de escritores que crecen y se engrosan con su tema, por muy ordinario que este parezca. ¿Qué será, pues, de mí, que escribo sobre este Leviatán?
Inconscientemente mi caligrafía se expande en mayúsculas de cartel. ¡Dadme una pluma de cóndor! ¡Dadme el cráter del Vesubio por tintero! ¡Amigos, sostenedme los brazos!
Pues en el mero acto de poner por escrito mis pensamientos sobre este Leviatán, estos me fatigan y me hacen desfallecer por su abarcadora y desmedida amplitud, como si pretendieran incluir el círculo entero de las ciencias, y todas las generaciones de ballenas, y de hombres, y de mastodontes, pasados, presentes y futuros, junto con todos los panoramas giratorios de los imperios sobre la tierra y en todo el universo, sin excluir sus suburbios.
¡Tal es, y tan magnificadora, la virtud de un tema grande y liberal! Nos expandimos hasta alcanzar su volumen.
Para producir un libro poderoso, debéis elegir un tema poderoso. Jamás se podrá escribir un volumen grande y duradero sobre la pulga, por más que sean muchos los que lo han intentado.
Antes de entrar de lleno en el tema de las Ballenas Fósiles, presento mis credenciales como geólogo manifestando que, en mi tiempo libre, he sido cantero y también un gran cavador de zanjas, canales y pozos, cavas de vino, sótanos y cisternas de toda clase. Asimismo, a modo de preámbulo, deseo recordarle al lector que, si bien en los estratos geológicos más antiguos se hallan los fósiles de monstruos hoy casi por completo extintos, los restos posteriores descubiertos en las