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CIII

Pero la espina dorsal. En cuanto a esta, la mejor manera de considerarla es, con una grúa, apilar sus huesos bien alto en vertical. No es empresa rápida. Pero ahora que está hecho, se parece mucho a la Columna de Pompeyo.

Hay cuarenta y tantas vértebras en total, las cuales en el esqueleto no están trabadas entre sí.

Por lo general, descansan como los grandes bloques abultados de una aguja gótica, formando hileras sólidas de pesada mampostería.

La mayor, una central, mide en anchura algo menos de tres pies, y en profundidad más de cuatro.

La más pequeña, allí donde la columna se adelgaza hacia la cola, tiene apenas dos pulgadas de ancho y se parece algo a una bola de billar blanca.

Me dijeron que aún había otras más menores, pero se habían perdido a manos de unos pequeños pilluelos caníbales, los hijos del cura, que las habían robado para jugar a las canicas.

Vemos así cómo la columna vertebral incluso de la más enorme de las criaturas vivientes se reduce al fin a un simple juego de niños.

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