a barlovento, y con caladas tan nerviosas como si, al igual que la ballena agonizante, mis últimos surtidores fueran los más intensos y llenos de turbación. ¿Qué negocios tengo yo con esta pipa? Esto que está hecho para la serenidad, para exhalar suaves vapores blancos entre suaves cabellos blancos, no entre guedejas de hierro gris y desgreñadas como las mías. No fumaré
Arrojó la pipa aún encendida al mar. El fuego siseó en las olas; al mismo instante, el barco pasó raudo junto a la burbuja que hizo la pipa al hundirse.
Con el sombrero ladeado, Ahab recorrió la cubierta a trompicones.