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XCII

con aceite, no emplea quizás ni cincuenta días en la tarea de cocción; y, en el estado en que se enbarranca, el aceite carece casi de olor. La verdad es que, vivo o muerto, si se le trata con decencia, las ballenas como especie no son en absoluto criaturas de mal olor; ni tampoco se puede reconocer a los balleneros, como la gente de la edad media pretendía detectar a un judío en compañía, por la nariz. Ni de veras puede la ballena ser de otro modo que fragante, cuando, por lo general, goza de una salud tan excelente; haciendo abundante ejercicio; siempre al aire libre; aunque, es verdad, rara vez a cielo abierto. Digo que el movimiento de la aleta caudal de un Cachalote sobre el agua exuda un perfume, como cuando una dama perfumada con almizcle cruje su vestido en un salón cálido. ¿A qué podré entonces comparar al Cachalote en cuanto a fragancia, considerando su magnitud? ¿Acaso no al famoso elefante, con colmillos enjoyados y fragante a mirra, que fue sacado de una ciudad india para rendir honores a Alejandro Magno?

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