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LIV. La historia del *Town-Ho*

“Steelkilt se levantó y, retirándose lentamente alrededor del molinete, seguido paso a paso por el oficial con su martillo amenazante, repitió deliberadamente su intención de no obedecer. Al ver, sin embargo, que su paciencia no surtía el menor efecto, con una seña terrible e inexpresiva de su mano torcida advirtió al insensato y obsecado hombre; pero fue en vano. Y de este modo ambos dieron una lenta vuelta alrededor del molinete; cuando, resuelto al fin a no retirarse más, pensando que ya había aguantado tanto como se avenía con su temperamento, el hombre del lago se detuvo sobre las escotillas y habló así al oficial:

—Señor Radney, no voy a obedecerle. Retire ese martillo o aténgase a las consecuencias.

Pero el segundo, predestinado, acercándose aún más a él, allí donde el hombre de los lagos permanecía inmóvil, agitó entonces el pesado martillo a una pulgada de sus dientes, mientras repetía una sarta de insultos insoportables.

Sin retroceder ni la milésima parte de una pulgada, clavándole los ojos con la daga impertérrita de su mirada, Steelkilt, cerrando con fuerza su mano derecha a la espalda y retirándola sigilosamente, le advirtió a su perseguidor que con solo que el martillo le rozara la mejilla, él (Steelkilt) lo asesinaría.

Pero, señores, el necio había sido marcado por los dioses para la matanza. Inmediatamente el martillo tocó la mejilla; al instante siguiente la mandíbula inferior del segundo le quedó hundida en la cabeza; cayó sobre la escotilla arrojando sangre a chorros como una ballena.

—Antes de que el grito pudiera llegar a popa, Steelkilt estaba sacudiendo uno de los brandales que se extendían muy alto hasta donde dos de sus compañeros hacían vigía en los masteleros. Ambos eran Canallers.

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