Apenas lo hubo hecho, cuando se vio rodeado por los tres oficiales secundarios y los cuatro arponeros, quienes se arremolinaron sobre él en la cubierta. Pero deslizándose por los cabos como cometas malignos, los dos canaleros se precipitaron en la trifulca y trataron de arrastrar a su hombre hacia el castillo de proa. Otros marineros se unieron a ellos en este intento, y se desató un torbellino enmarañado; mientras, manteniéndose fuera de peligro, el valiente capitán saltaba de arriba abajo con un arpón ballenero, pidiendo a gritos a sus oficiales que maltrataran a ese bellaco atroz y lo arrastraran a empujones hacia el puente de popa. A intervalos, se acercaba corriendo al borde giratorio de la confusión y, escudriñando en el corazón de la misma con su arpón, intentaba pinchar el objeto de su resentimiento. Pero Steelkilt y sus desesperados eran demasiado para todos ellos; consiguieron ganar la cubierta del castillo de proa, donde, girando apresuradamente tres o cuatro grandes barriles en línea con el molinete, aquellos parisinos del mar se atrincheraron tras la barricada.
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LIV. La historia del *Town-Ho*
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