ejemplar existente—, “marca una diferencia maravillosa si lo miras a través de un ventanal de vidrio donde la escarcha está toda por fuera, o si lo observas desde esa ventana sinoperciana, donde la escarcha está a ambos lados, y de la cual el fulano Muerte es el único vidriero”. Muy cierto, pensé, al venirme este pasaje a la mente—vieja letra gótica, razonas muy bien.
Sí, estos ojos son ventanas, y este cuerpo mío es la casa.
¡Qué lástima que no taparan las rendijas y las grietas, sin embargo, y metieran un poco de estopa aquí y allá! Pero ya es demasiado tarde para hacer ninguna mejora. El universo está acabado; la piedra angular está colocada, y los cascotes fueron retirados hace un millón de años.
Pobre Lázaro, allá, castañeteando los dientes contra el bordillo por almohada, y sacudiéndose los andrajos con los temblores, bien podría taparse ambos oídos con harapos y meterse unauzor en la boca, y aun así eso no lograría mantener fuera al tempestuoso Euroclidón.