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Table of Contents

CXXXIV

botes⁠—recojed los remos⁠—arponeros! ¡los hierros, los hierros!⁠—izad más alto las juanetas⁠—¡un tirón de todas las escotas!⁠—¡timón ahí! ¡firme, firme por tu vida! Diez veces circundaré el globo sin medida; ¡sí, y me sumergiré derecho a través de él, pero aún he de matarlo!”

“¡Gran Dios! muéstrate aunque sea por un solo instante —exclamó Starbuck—; nunca, jamás lo capturarás, viejo... En el nombre de Jesús, no más de esto, que es peor que la locura del diablo.

Dos días de persecución; dos veces hecho asta pedazos; tu propia pierna arrancada de nuevo de debajo de ti; tu sombra maligna desaparecida... todos los ángeles buenos acosándote con advertencias: ¿qué más quieres? ¿Seguiremos persiguiendo a este pez asesino hasta que hunda al último hombre? ¿Seremos arrastrados por él hasta el fondo del mar? ¿Seremos remolcados por él al mundo infernal? ¡Oh, oh... Es impiedad y blasfemia seguir dándole caza!”.

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