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nydus/Moby DickPublic
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LXXXII

El honor y la gloria de la caza de ballenas

Hay empresas en las que un cuidadoso desorden es el verdadero método.

Cuanto más me adentro en este asunto de la caza de ballenas, y extiendo mis investigaciones hasta su manantial mismo, tanto más impresionado me hallo por su gran honorabilidad y antigüedad; y especialmente cuando encuentro a tantos grandes semidioses y héroes, profetas de toda laya, que de un modo u otro la han cubierto de distinción, me siento transportado al pensar que yo mismo pertenezco, aunque sea de manera subordinada, a una cofradía de tan blasonado linaje.

El galante Perseo, hijo de Júpiter, fue el primer ballenero; y para eterna honra de nuestra vocación sea dicho, la primera ballena atacada por nuestra hermandad no fue asesinada con ningún propósito sórdido. Aquellos eran los días caballerescos de nuestra profesión, cuando solo empuñábamos las armas para socorrer a los afligidos, y no para llenar las lampareras de los hombres. Todo el mundo conoce la hermosa historia de Perseo y Andrómeda; cómo la encantadora Andrómeda, hija de un rey, fue atada a una roca en la costa, y cuando el Leviatán estaba a punto de llevársela, Perseo, el príncipe de los balleneros, avanzando intrépidamente, arponó al monstruo, rescató y desposó a la doncella. Fue una proeza artística admirable, rara vez lograda por los mejores arponeros de la actualidad; dado que este Leviatán fue muerto al primer

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