El Narval he oído llamarlo la ballena de colmillo, la ballena con cuerno y la ballena unicornio.
Es sin duda un curioso ejemplo del unicornismo que puede encontrarse en casi todos los reinos de la naturaleza animada.
Por ciertos autores antiguos y recluidos he sabido que el cuerno de este mismo unicornio marino era considerado en la antigüedad como el gran antídoto contra el veneno, y como tal, sus preparados alcanzaban precios inmensos. También se destilaba para obtener sales volátiles para damas desmayadas, del mismo modo que los cuernos del ciervo macho se transforman en espíritu de cuerno de ciervo.
Originalmente era considerado en sí mismo un objeto de gran curiosidad.
Letra Gótica me cuenta que sir Martin Frobisher, a su regreso de aquel viaje, cuando la reina Bess le saludó galantemente agitando su mano enjoyada desde una ventana del palacio de Greenwich, mientras su audaz barco navegaba río abajo por el Támpese; «cuando sir Martin regresó de aquel viaje», dice Letra Gótica, «de rodillas presentó a su alteza un cuerno prodigiosamente largo del Narval, el cual colgó durante mucho tiempo después en el castillo de Windsor».
Un autor irlandés asevera que el conde de Leicester, de rodillas, también presentó a su alteza otro cuerno, perteneciente a una bestia terrestre de la naturaleza del unicornio.
El Narval tiene un aspecto muy pintoresco, semejante al de un leopardo, siendo de un color de fondo blanco lechoso, salpicado de manchas negras redondas y oblongas.
Su aceite es muy superior, claro y fino; pero hay poco y rara vez se le caza.
Se le encuentra principalmente en los mares circumpolares.