Hecho esto, el carpintero recibió órdenes de tener la pierna terminada esa misma noche, y de proveer todos los herrajes para ella, independientes de los que pertenecían a la desconfiada pierna en uso. Además, se ordenó sacar la fragua del barco de su inactividad temporal en la bodega y, para acelerar el asunto, se le mandó al herrero proceder de inmediato a la forja de cuantos artilugios de hierro pudiesen ser necesarios.
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