La ballena fósil
Por su poderosa mole, la ballena ofrece un tema de lo más propicio sobre el cual explayarse, amplificarse y exornar en general. Quisieras, y no podrías condensarlo.
En buena ley, solo se le debería tratar en folio imperial.
Para no repetir otra vez sus furlong desde el espiráculo hasta la cola, y las yardas que mide de contorno; basta con pensar en las gigantescas vueltas de sus intestinos, que yacen en su interior como grandes cables y estachas arrollados en la cubierta subterránea más baja de un navío de línea.
Como me he propuesto maltratar a este Leviatán, me incumbe demostrar ser omniscientemente exhaustivo en la empresa; sin pasar por alto ni los más diminutos gérmenes seminales de su sangre, y desenredándolo hasta la última vuelta de sus entrañas. Habiéndolo descrito ya en la mayoría de sus peculiaridades actuales de hábitat y anatomía, resta ahora ensalzarlo desde un punto de vista arqueológico, fosilífero y antediluviano. Aplicados a cualquier otra criatura que no sea el Leviatán —a una hormiga o a una pulga—, semejantes términos grandilocuentes podrían considerarse con razón injustificadamente pomposos. Pero cuando el Leviatán es el tema, la cosa cambia. Gustoso vacilo en acometer esta empresa bajo las palabras más pesadas del diccionario. Y hágase constar aquí que, siempre que ha sido conveniente consultar uno en el curso de estas disertaciones, he utilizado invariablemente una enorme edición en cuarto de Johnson, comprada expresamente para ese propósito; porque el insólito volumen personal de