La ballena viva, en su plena majestad y significado, solo puede verse en alta mar, en aguas insondables; y a flote, la mayor parte de su mole queda fuera de la vista, como un navío de línea botado; y fuera de ese elemento es algo eternamente imposible para el hombre mortal izarlo por completo en el aire, de modo que se conserven todos sus poderosos lomos y ondulaciones. Y, por no hablar de la muy presumible diferencia de contorno entre una cría de ballena lactante y un Leviatán platónico de pleno crecimiento; aun así, incluso en el caso de una de esas crías de ballena lactante izada a la cubierta de un barco, tal es entonces su estrafalaria, anguiliforme, flexible y cambiante forma, que su expresión exacta ni el mismo demonio podría
Pero se podría imaginar que a partir del esqueleto desnudo de la ballena varada se pueden obtener indicios precisos acerca de su verdadera forma. En absoluto. Pues una de las cosas más curiosas de este Leviatán es que su esqueleto da una idea muy escasa de su contorno general. Aunque el esqueleto de Jeremy Bentham, que cuelga a modo de candelabro en la biblioteca de uno de sus albaceas, transmite correctamente la idea de un anciano utilitarista de fruncidas cejas, con todas las demás características personales prominentes de Jeremy; no obstante, nada de este estilo podría deducirse de los huesos articulados de ningún leviatán. De hecho, como dice el gran Hunter, el mero esqueleto de la ballena guarda la misma relación con el animal plenamente revestido y acolchado que el insecto con la crisálida que lo envuelve de forma tan redondeada. Esta peculiaridad se manifiesta de manera llamativa en la cabeza, como se mostrará incidentalmente en alguna parte de este libro. También se exhibe de forma muy curiosa en la aleta lateral, cuyos huesos corresponden casi exactamente a los huesos de la mano humana,