todos deseosos de capturar tan famosa y preciosa pieza; mientras la reacia tripulación contemplaba de soslayo, y entre maldiciones, la aterrorizadora belleza de esa vasta masa lechosa que, iluminada por un sol horizontal y salpicada de destellos, se movía y relucía como un ópalo viviente en el mar azul de la mañana.
Señores, una extraña fatalidad impregna toda la trayectoria de estos acontecimientos, como si en verdad estuviera trazada antes de que el mundo mismo fuera cartografiado.
El amotinado era el remero de proa del arponero jefe, y cuando estaban atados a un pez, era su deber sentarse junto a él, mientras Radney se ponía de pie con su lanza en la proa, y cobrar o aflojar la línea, a la voz de mando.
Además, cuando los cuatro botes fueron arriados, el del arponero jefe tomó la delantera; y nadie aulló con mayor furia de deleite que Steelkilt, mientras se esforzaba en su remo.